Venezolanos más pobres consumen más harinas y grasas
La Encuesta sobre Condiciones de Vida (Encovi) de 2014, a cargo de las universidades Católica Andrés Bello, Central de Venezuela y Simón Bolívar, refleja que el venezolano promedio tiene una doble carga de complejidad por un exceso de ingesta calórica que se traduce en desnutrición, pero a la vez obesidad. Para hacerlo más digerible: un gordo puede estar desnutrido, mucho más el venezolano promedio si se considera que el "el 11% de los alimentos que compran los pobres son calóricamente más densos, más baratos, están regulados y se expenden en las redes públicas de distribución, -al tiempo que- las frutas y vegetales sólo aparecen en los estratos más altos”.
Si se echa un vistazo al informe, se encontrará a la harina, arroz y pastas encabezando la lista de los primeros tres lugares de los alimentos que más se consumen en el lugar, mientras que las leguminosas, pescados y frutas ocupan lugares intermedios, más cercanas hacia la última posición.
El estudio revela que 55,2% de los encuestados semanalmente nunca come fuera del hogar; 28,9% de la población lo hace ocasionalmente; 8,9% lo hace casi siempre (de dos a cuatro veces) y más de cuatro veces un 6,8%.
Comer en la calle tiene su precio, que representa Bs 135,57 diarios en el desayuno, Bs 229,04 en almuerzo y Bs 215 en la cena. Al 19,5% de los consultados le alcanza sus ingresos para comprar sus alimentos, mientras que el 80,1% aclara que no se da abasto.
Para evaluar los indicadores de obesidad, la UCV, USB y UCAB señalan que casi la mitad de la población, 47% no hace ningún tipo de actividad física, lo que contribuye a retrasar los procesos metabólicos que generan sobrepeso. Los niveles de ingresos o estatus serían vinculantes con los hábitos de ejercicios. Señala la encuesta que el 51,5% de la población con nivel socioeconómico alto tiene una actividad física moderada, mientras que en la clase media la proporción es de 44,6% y la clase baja, 34%.
Concluye el informe que “el 11% de los encuestados están en situación de hambre y 39% de los más pobres realizan menos de dos comidas al día. La dieta básica es de baja calidad. Los alimentos que compran los pobres son calóricamente más densos, más baratos, están regulados y se expenden en las redes públicas de distribución, -al tiempo que- las frutas y vegetales sólo aparecen en los estratos más altos”.
Daniel Palacios Ybarra
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